GOMBROWICZ Y NUESTROS TRANSATLÁNTICOS

Néstor Hugo Sosa Rossi

 

“Ser esa cosa que nadie puede definir: argentino” es uno de los últimos versos del poema “La fama” del libro La cifra, de Jorge Luis Borges. Como es sabido que Borges eclipsaba a sus contemporáneos, la pregunta sobre qué significa ser argentino recorre el siglo pasado y seguramente este.

Tarde, muy tarde, pero quizás a tiempo, descubrí la lectura de Witold Gombrowicz. Resultó un eslabón ignorado que le faltaba a mi cadena. Se trata de una llave o un picaporte. Gombrowicz, habitado por otra lengua, nos habla a los argentinos sobre nuestras costumbres, las compara con su amor a su lectura de Proust, compara nuestros juicios y prejuicios, nuestras virtudes y nuestras miserias.

Él, radicado en Argentina de un día para el otro, expatriado de Polonia.
La existencia de Gombrowicz, sus publicaciones y sus diarios resultan un accidente en el curso de los acontecimientos, nos abren un picaporte, y a los lectores se nos plantea una pregunta invertida que seguramente él se hizo (y se respondió): ¿qué significa un europeo en Argentina?
Escruto en los textos algunos párrafos que me conmueven. Hacia el final del Diario argentino, volviendo a Europa en barco luego de veinticuatro años, imagina un encuentro con el joven Gombrowicz yendo a América, por el Atlántico:

Sí, sabía que tenía que encontrarme con aquel Gombrowicz rumbo a América, yo, Gombrowicz, el que partía ahora de América. Cuánta curiosidad me consumía en aquel entonces, ¡monstruosa!, respecto de mi destino (…) y heme aquí acercándome a aquel Gombrowicz; como solución y explicación, yo soy la respuesta.

– ¿Con qué regresas? ¿Quién eres ahora?.. – yo le responderé con un gesto de perplejidad y las manos vacías, con un encogimiento de hombros, quizás con algo parecido a un bostezo:
– ¡Aaay, no lo sé, déjeme en paz!

(…) ¿seré incapaz de dar otra respuesta? ¿Argentina? ¡Argentina! ¿Cuál Argentina? ¿Qué fue eso? ¿Argentina? Y yo… ¿qué es ahora ese yo? (…) ¿Sería que esa latinidad americana completaba de algún modo mi polonidad? (…) ¿cómo es posible ser después de veinticuatro años solo agua que se vierte, espacio vacío, noche oscura, cielo inmenso?.. ¡Oh, Argentina! ¿Qué Argentina? Nada, un fiasco. Ni siquiera poder desear, cualquier posibilidad de deseo estaba excluida por un exceso de efusión que lo inmovilizaba todo, el amor se convertía en desamor, todo se confundía… (Gombrowicz, 2006: 242 y ss.)

Al leer a Gombrowicz, se lee en una suerte de bisagra separada lo argentino y lo europeo. Mientras Borges pregunta qué significa ser argentino, Gombrowicz dice en su diario acerca de Borges: “Ese Borges europeizante no podía ahí lograr una vida verdadera. Era algo adicional, un ornamento; y no era otra la suerte de su literatura argentina”. También cuenta que un estudiante de derecho en Tucumán le decía que “… a los sudamericanos, Freud no podía servirles de nada: pues es ciencia europea y esto es América”.

Al final del Malestar en la cultura, Freud reflexiona la imposibilidad de cumplir el mandamiento universal “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, aludiendo una imposibilidad intrínseca.
Leo en Gombrowicz una meditación equivalente, en la que experimenta una crisis:

Me cansó ya el cosmos. Compruebo en mí una crisis de “universalidad” (…) reclamamos moral “para todos”, derecho “para todos”, todo “para todos”… y ahora resulta que esto excede a nuestras fuerzas. ¡Catástrofe! ¡Decepción! ¡Bancarrota! (…) la igualdad universal, la justicia universal, el amor universal (…) ¡No soy un Atlas para cargar en los hombros el mundo entero! (…) ¡Destrozar esa maldita “universalidad” que me sujeta peor que la cárcel más estrecha y salir hacia la libertad de lo limitado! (2006: 167 y ss.)

Sigo escrutando textos. No encuentro dónde leí lo siguiente, que apunté en notas: “Lo que hay que preguntarse (nos dice Gombrowicz) es qué es lo que ama un artista”. Esta pregunta temprana sorprende y Gombrowicz se plantea y se responde, nos responde. Lee psicoanálisis, lee a Freud. Y en la década del sesenta, en estas extraviadas pampas, como dice en su diario, con entera simpleza elabora lo que tal vez Lacan se pregunta por Joyce, artista de las letras, en su seminario en la década del setenta.

Gombrowicz vuelve a preguntar: ¿de qué se enamora un artista? Gombrowicz y Joyce podrán evocarse como donadores al psicoanálisis de una escritura del exilio.
En la década del sesenta, Tanguito escribe “La balsa”, y en la década del setenta, Sting escribe “Mensaje en una botella”. El primero está en el continente americano, en la letra de la canción el personaje solo, triste y abandonado hace una balsa para irse a naufragar. El segundo se encuentra en una isla de Europa y el personaje escribe un mensaje de socorro en una botella que lanza al mar. Estas notas son marítimas, acuáticas, oceánicas. Dice Ricardo Piglia en una conferencia publicada en Formas breves:

En efecto, el psicoanálisis y la literatura tienen mucho que ver con la natación. El psicoanálisis es en cierto sentido un arte de la natación, un arte de mantener a flote en el mar del lenguaje a gente que está siempre tratando de hundirse. Y un artista es aquel que nunca sabe si va a poder nadar la próxima vez que entre en el lenguaje. (Piglia, 2003: s/p)

Seguiremos sin saber qué somos los argentinos, o seguirá siendo el “Siglo veinte cambalache” de Enrique Santos Discépolo, y a cada generación le volverá esta pregunta. Contengamos las lágrimas y no nos ahoguemos.

 

Bibliografía

Borges, Jorge Luis (1989). La cifra. Buenos Aires: Emecé Editores.
Freud, Sigmund (1992). El malestar en la cultura. Buenos Aires: Amorrortu Editores. Gombrowicz, Witold (1997). Curso de filosofía en seis horas y cuarto. Barcelona: Tusquets Editores.
—– (2006). Diario argentino. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora.
Piglia, Ricardo (2003). “Los sujetos trágicos”, en Virtualia N°7, 4-5/03. goo.gl/Z8SkXB

Para leer El fantasma de Gombrowicz recorre la Argentina completo, pasen por acá.

Deja un comentario