El exilio de Gombrowicz a partir de la publicación de Kronos

Nicolás Hochman[1]

(Publicado en Hispamérica, dirigida por Saúl Sosnowski, año 46, nro. 136, 2017).

 

¡… me resulta tan difícil huir de mí mismo! (W. Gombrowicz, 2005: 253)

 

 

La historiografía general gombrowicziana sostuvo tradicionalmente que cuando Witold Gombrowicz acababa de llegar a la Argentina, en 1939, estalló la guerra. La invasión alemana a Polonia hizo que se cerraran las fronteras, y eso habría sido lo que motivó que Gombrowicz decidiera quedarse en Argentina. Una elección fuerte y comprometida (con el no-compromiso), ya que otros compatriotas optaron por subir nuevamente en el mismo barco que los había trasladado hasta el Río de la Plata, el Chrobry, para regresar a Europa y alistarse en la resistencia polaca. Una decisión fuerte, pero influenciada por un hecho ya concretado: Gombrowicz elige quedarse porque su patria se halla ocupada y él no quiere combatir, básicamente por tres motivos: tiene asma, ideológicamente está en contra de la guerra y sus actores, y es un tema que pareciera no interesarle en absoluto.

El problema con esta hipótesis, aceptada casi universalmente, es que no ocurrió así[2]. Cuando la guerra estalló, el Chrobry ya había partido de Argentina. Es decir, Gombrowicz decidió quedarse antes de tener noticia alguna de la invasión, lo que complejiza su experiencia[3]. Advierte Juan Carlos Gómez:

“Cuatro días antes de la declaración de la guerra, el 28 de agosto del año 1939, el barco recibió la orden de partir. Gombrowicz estaba muy nervioso. Dudaba entre regresar a Inglaterra o quedarse en la Argentina y esperar que terminara el conflicto. Hizo que le subieran el equipaje y se embarcó. Cuando la sirena del barco empezó a anunciar la partida Gombrowicz estaba bajando por la pasarela.” (J. C. Gómez, 2013: s/p)

Los párrafos en los que Gombrowicz cuenta que llegó casi por una casualidad (por “la Mano del destino”) y que nunca previó quedarse son realmente muchos, pero me gustaría citar dos, que se encuentran entre los más reproducidos generalmente:

“Llegué aquí para tres semanas solamente, pero ellas se prolongaron más de seis años, ya que estalló la guerra.” (W. Gombrowicz, 2014: 14)

“Yo fui a Argentina por pura casualidad, solo por dos semanas, y si por un azar del destino la guerra no hubiese estallado durante esas dos semanas, habría regresado a Polonia, aunque no voy a ocultar que cuando la suerte fue echada y Argentina se cerró de golpe sobre mí, fue como si por fin me oyera a mí mismo.” (W. Gombrowicz, 2005: 723)

Aparecen entonces algunas preguntas pertinentes. ¿Por qué Gombrowicz siempre dijo públicamente lo contrario, haciendo sutiles cambios en las fechas? ¿Por qué mintió sistemáticamente sobre este punto, sosteniendo esa versión en cartas, libros, charlas de café? ¿Qué ganaba con eso? ¿Por qué no contar cualquier otra versión?[4] Las respuestas que podemos encontrar no son más que suposiciones, miradas alternativas sobre un relato que de hecho tiene una fecha de ruptura: mayo de 2013, cuando la editorial Wydawnictwo Literackie publicó Kronos en Polonia. Se trata de un libro no solo absolutamente inédito de Gombrowicz, sino además conocido hasta ese momento únicamente por su viuda y unos pocos investigadores especializados que estuvieron a cargo de su curaduría (especialmente, Jerzy Jarzębski y Klementyna Suchanow). Kronos podría ser leído como un verdadero diario íntimo (a diferencia de su Diario, escrito expresamente para ser publicado en la revista polaca Kultura), o casi. No hay allí una narración propiamente dicha, en el sentido más literario del término, sino fragmentos, indicios, hechos, momentos, lugares, direcciones, personas. Y una confesión. Kronos es uno de los pocos escritos en los que Gombrowicz deja un testimonio formal de su decisión de permanecer en Argentina antes de tener conocimiento del estallido de la guerra.

Sabemos que la identidad, que no es una sola ni homogénea, es un constructo complejo y mutante. Y sabemos, además, que en el caso de los escritores de ficción esto adquiere un matiz aún más hondo, porque al poner en escena a personajes se enreda aún más el asunto. Si es habitual suponer que los personajes de ficción tienen rasgos y retazos biográficos de sus autores, no es menos cierto que muchas veces los escritores terminan tomando características que primero pertenecieron a sus creaciones.

Con Gombrowicz eso pasa a menudo. En primer lugar, porque sus ficciones muchas veces se parecen notoriamente a su propia vida. Hay obras que toman hechos vividos por el autor, y que son recreados para dar paso a historias más o menos verosímiles. Trans-Atlántico, seguramente el caso paradigmático, habla de su llegada a la Argentina, de personajes probablemente reales, de situaciones grotescas pero no por eso imposibles. Y, por otro lado, el Diario es presentado como una vitrina de la vida de Gombrowicz, algo que hay que relativizar. El hecho de que Gombrowicz escribiera el Diario a pedido de Jerzy Giedroyc para ser publicado en la revista Kultura anula cualquier pretensión de analizarlo como una obra “íntima” o espontánea.

Por otra parte, Kronos es un libro muy peculiar. Además de hablar de literatura aparecen en él menciones permanentes a su situación económica, su vida sexual (realmente prolífica, variada y de un liberalismo para muchos escandaloso, aún hoy) y sus tratamientos médicos (no solo por el asma, sino por todo tipo de enfermedades, algunas de transmisión sexual), lo que le otorga un plus de intimidad que no aparece en el Diario. Hay todo tipo de menciones además sobre los lugares que frecuentó (viviendas, bares, hospitales, viajes, etcétera). Kronos no fue publicado sino cuarenta y cuatro años después de su muerte[5]. ¿Es acaso más fiel y menos ficticio? Probablemente sí, pero no podemos asegurarlo. Kacper Nowacki lo sintetiza así:

“Los apuntes en forma muy lacónica (hoy diríamos que se parecen a unos tweets de una línea) cuentan la vida cotidiana de Gombrowicz dividida por meses y cuatro temas principales: literatura, dinero, salud y vida sexual. (…) Cada año lleva una síntesis breve y un comentario. Las notas abarcan un período que va desde 1922 hasta los últimos meses antes de su muerte (la última nota es de abril de 1969). Hay que subrayar la increíble memoria de Gombrowicz, que consiguió acordarse los hechos con la distancia de más de treinta años. Los apuntes tienen muchos huecos y puntos interrogativos pero de todas formas presentan mucha información. A partir de 1953, Kronos se vuelve una especie de diario íntimo completado casi todos los días; aparecen días exactos (lunes, martes), horas de partida de tren o de bus, el curso de dólar. Gombrowicz solía escribir dos, tres páginas A4 por año. El texto no fue destinado a la publicación y no es un texto literario. La publicación está dividida en tres partes: Polonia 1922-1939, Argentina 1939-1963 y Europa 1963-1969. La característica de Kronos es su tono bastante neutral. Sin embargo, en la parte argentina hay que destacar muchos puntos donde Gombrowicz deja sus opiniones y escribe a menudo palabras en español. Entre líneas se entiende su entusiasmo cuando describe su vida en Argentina. Gombrowicz al final de Kronos propone algunas divisiones de su vida que conciernen a sus publicaciones: el periodo polaco 1933-1939, el periodo de silencio 1939-1945, el periodo argentino 1945-1950, el periodo de emigración 1950-1955, el periodo polaco 1956-1958, el periodo internacional 1958-1963.” (Rosa y Nowacki, 2016: 176-177)

Cuenta Rita Gombrowicz, en el prólogo del libro, que ella no se enteró de su existencia hasta poco tiempo antes de la muerte de su marido, cuando un día él se lo mostró y le explicó sintéticamente en qué consistía. A eso le agregó un pedido muy especial: si alguna vez la casa se prendía fuego, ella tenía la misión de rescatar el manuscrito antes de salir corriendo. No explicita la finalidad, pero (si le creemos a Rita) no es difícil suponer que su intención fuera que esas páginas llenas de morbo se publicaran post mortem. El respeto por las formas aparece revestido por cierto pudor que no invalida que Gombrowicz jugara una vez más con sus lectores, inventando, distorsionando historias que, según como se las lea, son verosímiles o no. En este sentido, hay que leer a Dominika Świtkowska cuando dice que

“… dejando aparte la cuestión de si el carácter intencional del texto era o no el valor inmanente del diario en el curso de su creación, este le fue atribuido retroactivamente en el momento de la publicación. El deseo de salvar el texto expresado por Gombrowicz, que puede implicar la intención de publicarlo, constituye el marco interpretativo en el cual lo inscribe Rita Gombrowicz…” (Świtkowska, 2016: 106)

Świtkowska propone una lectura de Kronos siguiendo a Pierre Lejeune, que hace hincapié en el carácter retrospectivo de la narración en prosa, en el que los personajes presentan su destino individual y la historia de su personalidad. Kronos permitiría sumergirse en el pacto autobiográfico entre autor y lector, donde no hay tanto lugar para “el placer de la lectura” y sí para el riesgo personal que implica un encuentro con la verdad del Otro. La vehemencia en las reacciones de los lectores (inmediatamente trivializada) hacia el libro quedaría en parte explicada por esto. Pero también hay que tener en cuenta que no fue de mucha ayuda para ellos el estilo de Kronos,

“elíptico y lapidario, que frustra la expectativa de una “narración”; el estilo que –parafraseando a Lejeune– deja al descubierto la intimidad y la asocia con la historia de la personalidad de un modo totalmente nuevo” (Świtkowska, 2016: 107).

En cuanto al título del libro, Świtkowska hace un trabajo realmente excelente. Rastreando los orígenes de este personaje mitológico traza analogías con el personaje Gombrowicz y el momento de su escritura que realmente valen el esfuerzo, sobre todo, en este caso, por las asociaciones con el exilio, que me parecen muy atinadas y cito en extenso:

“La connotación principal del título Kronos constituye una ambivalencia. Cronos (llamado Saturno en el mundo latino), figura central en la Antigüedad del mito del Siglo de oro, es al mismo tiempo un dios triste, destronado y solitario, que vive en el límite de la tierra y el mar, Señor de prolongado exilio. Originalmente, como indica Robert Graves, las Columnas de Heracles –que marcaban los límites del mundo conocido y seguro– se denominaban Columnas de Cronos. El Renacimiento consagró la imagen, ya destacada en la Ilíada, de Cronos como divinidad relacionada con el agua y el exilio. Presentado en la iconografía medieval de forma variopinta, ya sea como “humilde campesino, terrible devorador de niños, sabio contable o incluso como triunfante dios del tiempo y orgulloso fundador de urbes”, queda definido por aquel entonces en los textos, que se amparan en la autoridad de Guido Bonatti (famoso astrólogo del norte de Italia situado por Dante en el infierno, como “accidentalier humidus”. En estos textos se indica que “realizó un largo y lejano viaje por mar” y se le considera “patrón de las personas que viven junto al agua”. El propio Bonatti afirmaba que Cronos dominaba todo aquello viejo y pesado y, en especial, era Señor de los padres y de los antepasados. Ya en la Antigüedad clásica se destacaban como atributos de Cronos la fatiga de la vejez y el anhelo de descanso, propio de la última etapa de la vida humana, y se le ofrecía el séptimo día de la semana. Su función planetaria era el descanso, entendido en el espíritu del Oráculo de Delfos como bendición de los dioses y el más secreto deseo de los mortales, es decir, la muerte. El Renacimiento trajo la identificación de la imagen de Cronos con Chronos, característica para los tiempos modernos. Como dios del tiempo es a la vez dios de la destrucción y también de la preservación de la verdad y de la fama póstuma. Después de esta última metamorfosis –como advierten los autores de la monografía sobre la melancolía– se convirtió casi en un requisito imprescindible de los grabados en las tapas de los libros y de las alegorías funerarias referentes al pasado perdido, pero evocado por la memoria. El mismo nombre Cronos significa cuervo; el cuervo, que representaba un elemento atributivo de este dios en la iconografía antigua, se consideraba un ave profética. Según la creencia, en estos pájaros moraban las almas de los reyes ofrecidos en sacrificio.” (Świtkowska, 2016: 108-109. Cursivas en el original)

Es interesante, por otra parte, hacer una relación entre ambos diarios de Gombrowicz y el de André Gide, algo de lo que se ocupa muy bien Alexander Fiut:

“Gombrowicz tomó de Gide el recurso de escribir sobre sí mismo como si fuera otra persona en el Diario, pero aún así le dio al protagonista su propio apellido. Sin embargo, como Gide, no escribió nada sobre la esfera íntima de su vida. Las cosas son completamente diferentes en Kronos, donde Gombrowicz exhibe sus experiencias eróticas de manera muy particular.” (Fiut, 2016: 221)

Fiut cita una carta de Gombrowicz a su editor, Jerzy Giedroyc, en la que se ejemplifica muy bien todo esto:

“Tengo que fabricar el Gombrowicz pensador y el Gombrowicz genio, el Gombrowicz demonólogo de la cultura y muchos otros Gombrowicz indispensables. El infantilismo del intento, la naturaleza pública de todo el proceso, este juego del Alma, o con el Alma… todo esto alberga varios peligros. Y aún así yo creo que soy una persona que ha sido llamada a escribir su Diario. (…) El Diario de Gide no me ha inspirado especialmente; me ha permitido, sin embargo, vencer ciertas dificultades esenciales que me obstaculizaban hasta el momento de realizar ese proyecto (yo pensaba que un diario debía ser “privado”, y él me ha permitido descubrir la posibilidad de un diario privado-público).” (En Fiut, 2016: 222)

Kronos lleva el procedimiento de autoficción a un estado de paroxismo, en el que la sugerencia de que su autor está siendo auténtico y narra hechos verdaderos es inclusive mucho más fuerte e intensa que en el Diario (Fiut, 2016: 222). Allí Gombrowicz habla de su vida sexual de una manera muy explícita, nombrando una cantidad inimaginable de personas con las que tuvo relaciones en aquellos años. Lo intenso se da no solo por la cantidad de nombres, sino porque en su mayoría son hombres. De este modo, sus preferencias sexuales, que no están nunca explicitadas en el Diario (aunque fueran más o menos evidentes), aparecen aquí con mucha fuerza. Esto generó un escándalo de una magnitud sorprendente en Polonia cuando se publicó en 2013, haciendo que el libro se convirtiera en un best seller.

Kronos es un libro curioso desde donde se lo mire. No está compuesto por una narración, sino por palabras sueltas, oraciones unimembres o, en algunos pocos casos, por textos realmente breves, concisos, puntuales. Escrito en la contracara de hojas del Banco Polaco, el texto está organizado por años, por columnas, por temas. Más que un diario parece una agenda retrospectiva en la que deja asentados hechos que a veces desarrolla en otra parte. Algo llamativo con respecto a esos mismos hechos, a las personas a las que nombra: generalmente no explicita que haya tenido sexo con ellas, aunque se sobreentienda que a eso hace referencia. Sin embargo, muchas veces aparecen otros nombres con los que no tiene ningún tipo de contacto de caraterísticas sexuales, sino que simplemente se encuentra, por los motivos que sea. Y es curioso porque no diferencia unos de otros, como si tener sexo o una charla fueran para él parte de la misma actividad socio-cultural. Y, en el medio de sus aventuras eróticas, marca acontecimientos históricos (la invasión de Hitler a Polonia, la Segunda Guerra Mundial, el avance del comunismo, la caída de Perón) como si tuvieran la misma importancia. Y tal vez la tengan.

Por otra parte, hay que pensar que las anotaciones comienza a hacerlas a partir de 1953. Es decir que la mayor parte de su vida (Gombrowicz nació en 1904 y murió en 1969) es escrita en retrospectiva. Esos años quedan no solamente supeditados a las fragilidades de la memoria, sino también a la construcción tardía que se hace de los momentos, las percepciones y demás. Si bien los recuerdos más sólidos aparecen en el período de entreguerras, aparecen todo el tiempo dudas referidas a su ubicación temporal, con frases como “¿acaso entonces…?”, “¿acaso en aquel tiempo?” (W. Gombrowicz, 2013: 18), “probablemente”, “No me acuerdo… No me acuerdo…” (18), “tal vez”, “tal vez (…), pero no me acuerdo”, “no me acuerdo bien” (24). Świtkowska explica que las anotaciones más tardías de Kronos muestran nuevamente señales de impotencia ante lo falible de la memoria, en contraste con el período de 1952-1966, donde la desmemoria es referida casi únicamente a efemérides, pero donde los hechos principales no son puestos en duda. De ello infiere:

“Todo esto constituye una especie de marco al unir el inicio con el final a través de idénticos mecanismos de la memoria, gracias a los cuales el sujeto se caracteriza como perdido en la existencia.” (Świtkowska, 2016: 113)

Esta cuestión de la memoria sería válida si pensáramos que en estas hojas Gombrowicz era completamente honesto, algo que no podamos asegurar, y que a fines prácticos no marca ninguna diferencia. En definitiva se trata de una obra literaria más, diferente a las otras, pero parte del mismo corpus, del mismo sujeto volcando ideas, vivencias y fantasías en el papel.

Estamos acostumbrados a leer que Gombrowicz llegó a Buenos Aires solamente por unos días, que la guerra lo sorprendió estando en Argentina y que su deserción antipatriótica consistió en no volver a Europa y alistarse en la resistencia polaca que se organizaba desde Londres. Esto es cierto en parte, porque la guerra estalló más o menos para esa fecha pero, contrario a lo que se cree (contrario a lo que Gombrowicz dijo casi toda su vida), los acontecimientos fueron ligeramente diferentes: Gombrowicz subió sus valijas al Chrobry para volver a Polonia, se arrepintió, bajó, el barco zarpó, Hitler invadió Polonia y los Aliados declararon la guerra. En se orden. Es decir: Gombrowicz eligió quedarse antes de tener ninguna certeza sobre la guerra.

Podría decirse, sin embargo, que la inminencia del conflicto bélico era más o menos obvia, que podía presuponerse que la invasión nazi era cuestión de días, y que Gombrowicz tomó su decisión forzado por las circunstancias. Gombrowicz no comentó nunca en público estas cuestiones, ni en su ficción ni en sus diarios, que de hecho se contraponen visiblemente a los argumentos que expuso sobre su llegada a Buenos Aires cada vez que alguien se lo consultó. Hasta donde sé, solamente hay vestigios de esto en una carta[6] y, solapadamente, en Kronos, donde entre 1937 y 1939 anota “miedo a la guerra” varias veces (W. Gombrowicz, 2013: 27-43), subrayándolo en 1938, y “Una conversación con Janusz: miedo, huir” (41). Son los mismos pasajes donde permanentemente aparecen palabras como “angustia”, “desasosigo”, “nerviosismo creciente”, “pánico”.

Por otra parte, y esto es muy curioso, si Gombrowicz ya sabía que vendría a vivir a Argentina, ¿por qué no preparó el viaje con un poco más de organización? Porque hay que tener en cuenta que llegó con poco dinero, casi sin ropa, sin despedirse de su familia y sus amigos. ¿Para no llamar la atención? Podría ser, pero ¿por qué no llevar encima algunos dólares que le facilitaran las cosas? ¿Porque contaba con que la diáspora polaca lo ayudara? Quizás, pero no parece un argumento concluyente[7]. ¿Para que no lo acusaran de desertor? No, porque como se pude leer perfectamente en Trans-Atlántico, no era algo que le preocupara demasiado. Como miembro de cierta aristocracia polaca podía tener acceso a ciertos contactos en Argentina, pero eso no era ninguna garantía, como no lo fue. De ser un escritor en ascenso bastante rápido en su país, a pasar desapercibido en otro, donde nadie había escuchado hablar de él. De tener libros publicados (Memorias del tiempo de la inmadurez, Yvonne, princesa de Borgoña y Ferdydurke) y otro apareciendo en entregas como folletín (Los hechizados, escrito con pseudónimo) a no conocer en absoluto el idioma español.

¿No puede ser leído este viaje, en parte, como un auto boicoteo, como una decisión más emocional que racional que atentó contra sus intereses? En parte sí. En parte debe haber habido en ello mucho de juego, de ruptura con las formas, de quebrar con el destino (familiar, cultural, social, económico) que ya tenía asignado en Polonia. De forzar a “la Mano” a llevarlo hacia otros espacios. La inminencia de la guerra no solamente pudo haberlo hecho desertar por el pavor de morir en el frente de batalla, sino que pudo haberlo afectado por otros motivos: por el temor a que su asma le jugara una mala pasada, por el horror a respetar jerarquías rígidas en el ejército, por el espanto de defender con su cuerpo los ideales de una patria a la que aborrecía profundamente.

Gombrowicz, entonces, llega a Buenos Aires sabiendo o por lo menos sospechando que va a quedarse, dispuesto a romper con todo y a pasarla mal. Si el precio que tiene que pagar es el desconocimiento literario, el exilio de la lengua, dormir en pensiones espantosas, no siempre tener para comer y alejarse de sus afectos, entonces lo paga. Pero no está del todo dispuesto a admitir que fue una decisión, y prefiere culpar el destino de su situación. No deja de ser curioso que el escritor que mejor escribió en contra de las formas se vea tan afectado por ellas y que, desde ese mismo momento, comience a construir un mito en torno a su llegada.

Kronos es vital para poder entender a Gombrowicz desde otro lugar. Su presencia, tan reciente, no implica que la verdad esté ahí y no en otra parte. Probablemente porque la verdad, en Gombrowicz, está en todos sus escritos y en ninguno. Pero sí podemos tomar a este nuevo diario como un elemento más. Un elemento que aporta diferentes perspectivas, alternativas sobre una narración que va cambiando a medida que pasan el tiempo y los testigos.

 

Bibliografía

Fiut, Aleksander (2016). “Rastreando a Gide en la obra de Gombrowicz”, en Hochman (2016): 219-224.

Freixa Terradas, Pau (2008). Recepción de la obra de Witold Gombrowicz en la Argentina y configuración de su imagen en el imaginario cultural argentino. Tesis doctoral. Departamento de Lingüística General de la Universidad de Barcelona. goo.gl/xRZPGp

Gasparini, Pablo (2007). El exilio procaz: Gombrowicz por la Argentina. Rosario: Beatriz Viterbo.

Gombrowicz, Rita (2013, agosto). “El último Gombrowicz”, en Letras libres: 40-43. goo.gl/RCrIkn

Gombrowicz, Witold (2005). Diario. Barcelona: Seix Barral. Traducido del polaco por Bożena Zaboklicka y Francesc Miravitlles.

—– (2013). Kronos. Cracovia: Wydawnictwo Literackie. Traducido del polaco (inédito) por Wanda Wygachiewicz.

—– (2014). Ferdydurke. Buenos Aires: El Cuenco de Plata. Traducido del polaco por Witold Gombrowicz, asesorado por un comité de traducción.

Gómez, Juan Carlos (2013). “Witold Gombrowicz y la emigración”, en el blog Ferdydurke. goo.gl/aV0v0H

Hochman, Nicolas (2014, octubre). “Gombrowicz, un mentiroso difícil de encasillar”, en Gombrowicz-Blätter N° 3, Rostock, Alemania: 72-80.

—– (ed.) (2016). El fantasma de Gombrowicz recorre la Argentina. Buenos Aires: Heterónimos.

Kobylecka-Piwońska, Ewa (2016). “‘Aquel eczema de cinco millones’: la Buenos Aires de Witold Gombrowicz”, en Hochman (2016a): 284-295.

Rosa, Claudia y Nowacki, Kacper (2016). “Mastronardi encuentra a Gombrowicz”, en Hochman (2016a): 175-186.

Mandolessi, Silvana (2012). Una literatura abyecta. Gombrowicz en la tradición argentina. New York: Rodopi.

Świtkowska, Dominika (2016). “La poética de la melancolía en Kronos de Witold Gombrowicz”, en Hochman (2016a): 106-118.

 

Apéndice: fragmentos de Kronos (traducción del polaco: Wanda Wygachiewicz)

Copyright © 2016 de Witold Gombrowicz Estate, usado con permiso de The Wylie Agency LLC.

1939

Llegada. Noticia del pacto ruso-alemán. Vivimos en un barco. Recepción en el barco. Visita al parque zoológico. Costanera. Estalló la guerra. Camino por Florida. Pensión: creo que 3 pesos diarios –habitación doble. Tomo clases (¿gratis?) de la hija de la propietaria, quien empieza a interesarse por mí. Una aventura con un conocido en un banco de la Plaza Constitución ferroviaria.

Los rusos entran en Polonia. Me empiezo a preocupar, leo diarios en Plaza Constitución y ahí tomo lecciones de un ferroviario. El ferroviario viene por lecciones a la pensión. Tomamos vino. Me roba el reloj, la pluma, la camisa y tal vez la ropa azul.

Alquilo una habitación en Bacacay, frente a la Plaza Flores. Voy por un paseo a Primera Junta. Me siento en Plaza Flores y espero los diarios. Ahorro (gasto 1 dólar por día). Alguna vez voy al cine.

La bota limpia me guía por Plaza Constitución. Y la segunda a Plaza Retiro bajo un rasguño.

Me emborracho en Leandro Alem –vomito.

Reflexiono sobre qué hacer, y me vienen pensamientos sobre buscar ayuda en los sacerdotes. Voy a probar escribiendo historias para los diarios. Las mujeres argentinas mucho no me agradan.

Frecuento a Capdevilla, donde conozco a las amigas de Chinchina.

Me mudo a Tacuarí 242. Pago 65 pesos para mantenimiento. Chileno. Alemán. Gordo. Petición o permanencia definitiva. Chileno me invita para la cena de Año nuevo a un restaurante cerca de Diagonal Norte. (Mejillones). Duermo con el bailarín y con su criada.

 

1940

Lucas me alquila una habitación en Corrientes. 29 de Octubre, ataque italiano sobre Grecia. Corrientes 1258. Paseos por Corrientes. 2 putitas. Panadero. Calle Junín. El vendedor, que quiere leer. Chino. Putita. Enfermedad. Música. Dientes. Durand.

 

1945

Gustavo me alquila un cuarto en Venezuela. Venezuela 615. Ayuda para el Brasilero. Inyecciones (Durand). Crisis financiera. “El lavacopas = Avenida de Mayo”.

Termina la guerra. Con Cecilia llego a un trato: paga 100 pesos mensuales por la traducción de Ferdydurke. Empiezo a traducir Ferdydurke.

 

1954

Miércoles, no fui al banco. Cena con el estudiante. Después, Carlota en Parque Retiro. Viernes, en el Rex con Daniel. Antonio, Lendro N. Alem. Cansado, siento el frío. Sábado siguiente, Carlota en Plaza Retiro. Me tomo licencia para el 15.

El Viernes Raúl, otra vez, Plaza Retiro. Como una cena en Avenida Santa Fe y Pueyrredón. El domingo sale el ómnibus hacia Vertientes.

 

1963

Océano. Preparativos agitados. Desesperación de Ady. Amor de Valii. Diario. Regalo cosas y discos. Despedida: los muchachos, me inclino ante ellos, me levanto, ya navego, vuelvo a la cabina y veo que me robaron 250 dólares. Ira y rebeldía. Una salida vacía. Océano. Dietrich, alemanes ante la mesa del comedor. Telefoneo a Kota sobre el dinero. Ajedrez con los de dietrich. La lectura de Heidegger se calmó. ¡Encontré una moneda de oro! Santos. La belleza de las montañas y las luces (salida). Fui por un paseo unas pocas cuadras. No visito al chico / a del puerto. No hay dinero. En el barco, el uruguayo Daniel.

 

Citas

[1] Prof. y Lic. en Historia por la Universidad Nacional de Mar del Plata y próximo a obtener el Doctorado en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, con una tesis acerca del exilio de Gombrowicz. Preside la asociación civil Grupo Heterónimos, dirige la productora cultural UnaBrecha y es el organizador del Congreso Gombrowicz, cuyo primer encuentro se celebró en la Biblioteca Nacional de Argentina en agosto de 2014. Ese año publicó su primera novela, Los Casquivanos.

[2] Los autores que adhieren esa hipótesis como válida son muchos, probablemente convencidos por el mismo Gombrowicz de la veracidad del argumento cronológico, o bien influenciados por bibliografía anterior que reafirma esta idea.

[3] Para problematizar su estadía sin caer en lugares comunes, recomiendo las lecturas de Ricardo Piglia (1987), Pablo Gasparini (2007), Pau Freixa Terradas (2008), Silvana Mandolessi (2012), Ewa Kobylecka-Piwonska (2016) y María Cecilia Pardo (2016)

[4] Desarrollo particularmente estas cuestiones en Hochman (2014).

[5] Según Rita Gombrowicz (2013) esto se debió a varios motivos. En primer lugar, por el impacto que el libro podría tener a nivel mundial, ya que la condena moral podía ser muy fuerte, como efectivamente ocurrió. En segundo lugar, por las implicancias íntimas del asunto: Kronos es un libro donde, entre otras cosas, Gombrowicz describe su vida sexual con Rita. Tercero, porque quería averiguar quiénes eran todas esas personas que citaba, y que ella desconocía. Y cuarto, e igualmente importante, porque no le entendía la letra.

[6] La carta aparece en un libro sin traducir del polaco, Cartas a la familia. Allí su hermano Janusz le dice que tiene que irse cuanto antes de Polonia.

[7] Hay que descartar que Gombrowicz no tuviera idea del manejo de los números, ya que en Kronos aparecen detallados sus gastos e ingresos, con mucha prolijidad. Por otra parte, se sospecha que no contaba con muchos ingresos propios al momento de partir de Polonia. Estos provendrían del alquiler de dos departamentos en Varsovia y de lo que ganaba con sus artículos. Además hay que tener en cuenta que durante sus viajes por Europa gastó mucho dinero. Esta suma de factores lo posicionaron como el menos pudiente entre sus hermanos. Esta información se la debo a Kacper Nowacki.

 

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