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La ferocidad del juego. Entrevista a Alfredo Martín

Branco Troiano

 

Branco Troiano: ¿Cómo descubriste a Gombrowicz?

 

Alfredo Martín: Lo conocí a partir de una lectura recomendada por un amigo, con quien realizaba un taller de teatro. Leí algunos de sus cuentos, publicados bajo el título de Bacacay y quedé muy impresionado. Más tarde trabajamos ese material y armamos con algunos de los cuentos una obra de teatro muy interesante, que se llamó: El despenamiento. Enseguida empecé a leer Ferdydurke, su primera novela y fui definitivamente capturado por ese universo de las formas y la inmadurez. Y como influían esas hipótesis sobre la vida, la educación y la concepción de la cultura. Había algo respecto de esa forma que tomaba el cuerpo y evidenciaba una lucha entre los ideales encarnados y la inmadurez. Algo sobre la realidad y la ficción del yo y de cómo funcionaban los otros, que me resultaba novedoso, potente y atractivo.

 

BT: ¿Qué fue lo que te atrajo en primera instancia?

 

AM: Lo más sorprendente eran las posibilidades de esa invención: el lenguaje de la inmadurez y el poder de las formas sobre la vida y el arte. Una cultura de lo inmaduro, una cultura de lo inferior, de la persona imperfecta y no del gran Arte. La ferocidad de ese juego en donde a través de lo cómico y lo bajo se puede llegar al drama y a la tragedia, un recurso fecundo para el teatro. Me encontré frente a la  construcción de un estilo y un lenguaje que no eran la repetición de lo consabido. Un estilo amparado en la negación de cualquier estilo consagrado. Una indagación aguda y loca de lo que llamamos realidad, que nos hace sospechar de nuestra autonomía, de las palabras y por lo tanto de toda pureza literaria.

 

BT: ¿Por qué tomás la decisión de arrojarlo al teatro? ¿Qué los une?

 

AM: Me atrajo esa maquinaria lúdica de develamiento dramático, que festeja y utiliza la mueca, el gesto, la idiotez y la risa, como núcleos que hacen a la experiencia y al saber. Considero a estos atributos, usinas cargados con una gran fuerza teatral, que permiten una visión menos solemne y coagulada de lo escénico. La juventud y el cuerpo desfachatado son dos valores que se abandonan, más allá de lo biológico, porque no condicen con la vida adulta y seria, que nos imponen y aceptamos llevar adelante. Eso se puede ver en la obra (Detrás de la forma), en el famoso duelo de muecas de los adolescentes en el colegio. Son valores potenciales e inacabados de la juventud que confrontan con un saber maduro, logrado e instituido, y sufren frecuentemente descalificación y censura. Excepto cuando los primeros son llamados y seducidos en las publicidades y el mercado de consumo, con la promesa del paraíso terrenal. Encontré en esa propuesta gozosa y exaltada de libertad y de búsqueda (que por momentos se desbarranca), un material privilegiado para llevar a la escena. Me seducían esas partes, que se liberaban de la totalidad que las torturaba, rejuntándose y huyendo jubilosas, hasta quedar atrapadas en una nueva forma. El planteo que aparece en la novela Ferdydurke, atraviesa distintos territorios: la educación y las instituciones; noviazgo; familia; modernidad; incluso la filosofía y el arte.

 

BT: Alguna vez destacaste el juego que propone Gombrowicz respecto de lo establecido y lo irreverente. ¿Qué opinás sobre eso?

 

AM: En el planteo de Gombrowicz hay una fuerza en ciernes, que avanza contra la rigidez de lo establecido. Una nueva belleza imperfecta que arrasa con el standard de lo consagrado y repetido. El autor nos dice que no existe lo uno sin lo otro, lo establecido necesita de lo irreverente y viceversa, por lo cual son interdependientes y se potencian. Si lo tomamos, podemos ver un acontecimiento en un fracaso, que sea tan relevante como el éxito. Un saber en la opacidad de un hecho, un latido en la incertidumbre, todos son parte de la experiencia humana y creativa. Tal vez esta  forma de conflicto, podría llegar a una síntesis que rompa ese binarismo que construye. Y como no hay padre sin hijos, no hay cenáculos sin la angustia de la hoja en blanco, ni altura sin bajeza, ni fórmulas sin caos, bienvenidos sean entonces los “sabios entontecidos”, los padres un poco hijos, los viejos rejuvenecidos, los niños grandes, el erudito que ignora algunas cosas, el fino que se ha embrutecido y tantos otros más. Estas formas que normalmente se erradican y combaten, son más auténticas e irreverentes que el éxito y el reconocimiento tan afanosamente buscados. Especialmente en esta época donde todo tiende a brillar y mostrarse perfecto, donde todo se  homogeneiniza, en la vida real y en las redes.

 

BT:¿Cuáles fueron las mayores complicaciones a la hora de ese traspaso al teatro?

 

AM: La novela plantea un camino emprendido por el protagonista, donde se suceden los encuentros a tres niveles. La educación en la escuela. El noviazgo en casa de los juventones. La huida al campo a la casa de una tía. A nivel de la estructura había un riesgo, podían leerse como situaciones aisladas y acabadas en si mismas y eso no era deseable. La idea era generar una progresión y una correspondencia que arribara a una síntesis adecuada. Notamos que este territorio escénico se ceñía cada vez más al territorio de lo íntimo, de la infancia y las raíces del protagonista. Reparamos que se trataba de deconstruir a Pepe, allanarlo en sus certezas, en sus formas acabadas e ideales de vida. Esa idea aparecía como una de las claves de la puesta. Pero había que hacerlo mediante una metamorfosis, una descomposición corporal, y eso debía ocurrir frente a la mirada del público, casi como un hecho de laboratorio.

Decidimos trabajar con un escenario bifrontal, con elementos de puesta que nos permitieron sugerir los distintos espacios, guardando una clara unidad. Allí aparecieron los cuerpos de los adolescentes por un lado, porque la mitad del elenco estaba integrado por jóvenes, que hacían de ellos mismos (no queríamos que se representara la adolescencia y lo inferior, sino que se lo presentara). Ellos transitan con sus personajes ficcionales, pero también son cuerpos que se mueven y multiplican, en medio de cierto erotismo ambiguo. Cuerpos con una energía plus que arrasa y descompone situaciones, provocando rechazo y atracción. Por otro lado se diseñaron los objetos escenográficos: especie de pupitres móviles, que se transforman vertiginosa y desquiciadamente durante el transcurso de la obra, y varios pizarrones. Estos van traduciendo y traicionando a nivel de lo escrito con tiza,  aquello que se ve en la escena; poblándose de neologismos, gráficos y dibujos. Todo esto nos permitió plantar e hilvanar ese enjambre poético ensayístico que pululaba en el texto y pedía un andamiaje escénico.

 

BT: ¿Cómo fue la experiencia? ¿Qué conclusiones sacaste?

 

AM: La experiencia fue de un enorme aprendizaje a nivel artístico y humano. Hicimos dos temporadas en teatro Andamio 90, con gran repercusión de prensa y de público. Participamos en el Festival Escena de salas alternativas de CABA y viajamos al Festival Internacional Gombrowicz en Radom, Polonia. Hacer teatro independiente con un grupo, donde se integraban actores ya consolidados y un grupo de jóvenes actores en formación, fue un enorme desafío que llegó a muy buen término. El trabajo se nutrió de la energía de los más jóvenes y de la experiencia de los adultos, en un universo heterogéneo donde se reproducía esta puja planteada a nivel del texto por Witold Gombrowicz, entre lo acabado y lo deforme.

 

BT: Se vieron reiteradas repeticiones de acciones y de frases, ¿qué buscaste con eso?

 

AM: En nuestra lectura las repeticiones de frases y de acciones, servían para dinamizar y amplificar los conflictos, y al mismo tiempo para intervenir en ellos produciendo una descomposición. Esta especie de distanciamiento posibilitaba la reflexión. Asimismo algunas acciones físicas eran emprendidas y corregidas sobre la marcha, generando modificaciones dramáticas. La idea era plantear materialmente los poderosos efectos de “la forma” y sus matices. Ese lenguaje ritual, cargado en los cuerpos que se desata en cadena.

 

BT: ¿Considerás que su obra sigue vigente?

 

AM: La obra tiene una vigencia extraordinaria porque presenta un punto fundamental en la constitución humana, que es el yo (el ego) y el atrapamiento que sufrimos por la forma. La alienación y la tortura que eso significa y que está relacionada con el lenguaje y nuestro vínculo acotado con los otros.

 

BT: ¿Por qué?

 

AM: Porque eso establece una relación de poder y sometimiento, una estructura implacable que nos obliga a responder por algo que en realidad no somos, y nos aleja de la autenticidad. Andar con un yo (una forma) a cuestas es una tortura. Una naturaleza distinta y compleja, otro paisaje. Una ficción, sin la cual los seres humanos no podríamos levantarnos: la naturaleza de “la forma”.

El casamiento, de Cintia Miraglia

Sofía Alemán

 

Hace unos años, en una de las conversaciones entre especialistas en el I Congreso Internacional Witold Gombrowicz, hubo un momento en el que no se llegó a ningún acuerdo. Que sí, que no y seguimos sin saber si Gombrowicz fue a ver mucho teatro, poco o nada. Más allá de las hipótesis, una cosa no quita la otra; WG escribió tres piezas dramáticas: Yvonne, princesa de Borgoña, Opereta y El casamiento, que se estrenó hace pocas semanas en El Extranjero.

Que la puesta sea en esa sala parece adrede, una suerte de guiño. WG, en la edición de El casamiento, comenta que la Forma nace de la interrelación entre los hombres y que a ella se supeditan. El elenco de esta versión, dirigido por Cintia Miraglia, hace suyas las intenciones gombrowiczianas y aporta las propias: en «El casamiento» todo es un sueño y la vida no es sueño. Enrique vuelve de la guerra y se topa con su casa convertida en una taberna de mala muerte; allí se encuentra con su amigo Pepe -su único interlocutor “lúcido”-, sus padres, su novia Maritucha y algunos Borrachos habitando la decadencia. Enrique proclamará rey a su padre, lo destituirá y se autocoronará para restablecer su pasado. ¿Qué pasa mientras tanto? El juego de la representación, el de romper con cualquier indicio de realismo para dejar en evidencia el artificio y bien en claro que todo es una construcción.

El texto de esta obra viene cargado con el riesgo de hacer sonar palabras como si estuvieran hechas para ser gastadas. Enrique habla y el resto repite a coro frases sueltas, lo dejan en soledad, y en ese contraste entre la individualidad y lo externo resuena el absurdo. Enrique mira al público y le manifiesta lo ridículo que es estar dirigiéndose a alguien que él mismo se puede estar imaginando o que puede hacer desaparecer en cualquier momento. Y pasan dos cosas: el pacto entre ambos sigue intacto y sucede el precioso acierto de la dirección y del elenco: la palabra no pasa desapercibida y el texto se luce. (No es que todo esto sean loas a un teatro de texto, todo lo contrario, «El casamiento» puede ser un pelotazo en la cara si no hay acción e imágenes, cuerpos y vínculos desarrollados a fondo).

La escenografía, la música, el diseño de iluminación y el vestuario nos plantan en un sueño amarronado, quejumbroso. Mucha olla de lata y metal abollado, violín, guitarra y acordeón -ejecutados por los mismos intérpretes-, melodías visibles de tamborileos de dedos y juegos entre cuerpos, más los bellísimos cantos de Maritucha, le marcan un ritmo muy dinámico a la obra. La pareja que interpreta a los padres es un lujo (el padre está personificado por Hugo Dezillio, quien se entrega a Gombrowicz por tercera vez, y la rompe) y causa mucha gracia en un panorama miserable de posguerra. Con tremenda precisión, el Borracho pasa de un estado o personaje a otro distinto, con solo mover una pierna o revolear un dedo, un dedo que puede amenazar, señalar, iniciar alta traición o incluso destituir a un rey para que otro pueda tener su propio casamiento.

¡Harto recomendada!

Domingos, 18 h, Teatro El Extranjero (Valentín Gómez 3378 – CABA).

Actúan: Mónica Driollet, Hugo Dezillio, Hernán Lewkowicz, Mariano Bassi, María Colloca, Víctor Salvatore y Luciano Nobati.

Producción: Natalia Gauna.

Dirección: Cintia Miraglia.

Asistente de dirección: Francisco Barceló.

Escenografía: José Escobar.

Música original: Daniel Quintás.

Iluminación: Cristian Domini. V

estuario: Cintia Miraglia.

Diseño gráfico: Clara Frías.

Supervisión artística: Gabriel Guz.

Prensa: Silvina Pizarro

Esto no es una nariz. Witold Gombrowicz según 40 ilustradores

Ya se puede conseguir en librerías Esto no es una nariz. Witold Gombrowicz según 40 ilustradores, el libro editado por los organizadores del I Congreso Internacional Witold Gombrowicz.

En esta edición participaron 40 de los mejores artistas plásticos de Argentina, que leyeron fragmentos del escritor polaco y realizaron ilustraciones que no sólo se publicaron en esta edición de lujo (104 páginas a todo color, con un papel increíble), sino que estuvieron expuestas en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires.

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Esto no es una nariz

Editorial Heterónimos, Buenos Aires, 2014

104 págs. $150

Qué se dijo del libro y el congreso:

“Un libro de arte impactante, de calidad, que sea de colección, ideal para fetichistas y amantes del estilo.” (Revista Suburbano, de Miami)

Esto no es una nariz es un volumen preparado para el I Congreso Internacional Witold Gombrowicz en el que cuarenta ilustradores recrean los particulares universos de su obra” (Los Inrockuptibles)

“De culto. Considerado como uno de los autores que inauguraron la autoficción moderna, el mito de Gombrowicz no deja de crecer. Un congreso sobre su obra reúne a más de 60 expertos en Buenos Aires.” (Revista Ñ)

“Ningún autor extranjero ha significado tanto para la literatura argentina como Witold Gombrowicz, quien supo nadar a contracorriente del modelo estetizante y borgeano. El Congreso Gombrowicz permitió apropiarse del legado de una inteligencia literaria descomunal que nos hizo a todos, con amor, con crueldad y con ironía, contemporáneos de todos los hombres.” (Diario Perfil)

“Además de las conferencias y mesas redondas estructuradas en seis ejes temáticos de las que participaron especialistas de todo el mundo, el Congreso Gombrowicz ofreció una muestra de arte, un ciclo de teatro, el estreno de un documental, un city tour y la edición del libro Esto no es una nariz -con material de 40 ilustradores.” (Telam)

Esto no es una nariz es un excelente motivo para que -aquellos que aún no lo hayan hecho- comiencen a buscar los libros de Gombrowicz y se enfrasquen en su lectura” (La Razón)

“Cuarenta imágenes en un libro de arte de calidad, ideal para fetichistas, coleccionistas y amantes del estilo juguetón, rebelde y provocador de Gombrowicz.” (Tiempo Argentino)

 

Participaron en Esto no es una nariz:

Javier Basile, Pablo Bernasconi, Pablo Bisoglio, Elda Broglio, Gastón Caba, Caro Deklerk, Belén Echeverría, Vero Escalante, Julieta Farfala, Agustín Fernández Jeansalle, Lucas Giono, Carmen Gorosito, Mercedes Lara, Guillermo Lizarzuay, Catriel Martínez, Darío Mekler, Ana Paula Méndez, Lucas Mercado, María Montiel, Sofía Noceti, Mariela Nussembaum, Pablo Olivero, Leticia Paolantonio, Horaio Petre, Juan Pez, Federico Plaza Montero, Gabi Piserchia, Catalina Raitzin, Javier Reboursin, Martín Rizzo, Gabi Salem, Fernando Sawa, Agustín Sciannamea, Marcos Sciannamea, Mariano Sidoni, Gabriela Thiery, Martina Trach, Mariano Valerio, José Villamayor, Tobias Wainhaus.

 

El libro se puede comprar por Internet desde acá, o en estas librerías (distribuye Galerna).

Almagro

Librería Universitaria Argentina (Lavalle 1601)

Belgrano

El Ateneo (Cabildo 2093)

Galerna (Cabildo 1852)

Caballito

Jenny (Acoyte 44)

Centro

El Ateneo (Santa Fe 1860, Florida 340, Florida 629)

Corrientes

Hernández (Corrientes 1311 y Corrientes 1436)

Yenny (Corrientes 3247, local 2012)

Palermo

Alamut (Borges 1985)

Asociación de Amigos del Museo Naciona de Bellas Artes (Figueroa Alcorta 2280)

Clásica y Moderna (Callao 892)

Crack up (Costa Rica 4767)

Eterna Cadencia (Honduras 5574)

Galerna (Uruguay 1049)

Gandhi (Malabia 1784)

La barca libros (Scalabrini Ortiz 3048 PB)

Libros del pasaje (Thames 1762)

Mendel (Paraguay 5163)

Mil grullas (Malabia 1968)

Norte (Las Heras 2225)

Paidós (Santa Fe 1685)

Prometeo (Honduras 4912)

 

Flores

Yenny (Rivadavia 6527)

San Cristóbal

Badaraco (Entre Ríos 932)

San Telmo

Fedro (Carlos Calvo 578)

Galerna (Perú 1064)

Villa Crespo

Guantes de mimbre y luz (Serrano 916)

Avellaneda

Yenny (Guemes 897, local 110)

La Plata

El Ateneo (Calle 50 Número 661)

Morón

Yenny (Juan Manuel de Rosas 658, local 2256)

Pilar

Galerna(Paseo Champagnat- Loc. 156/158)

Rosario

Homo Sapiens (Sarmiento 825)

Mar del Plata

Galerna (Hipólito Yrigoyen 1719)

Fray Mocho (Belgrano 2877)

San Mguel de Tucumán 

El griego libros (Muñecas 287)

Para consultas, notas y reseñas:

hola@unabrecha.com.ar

www.unabrecha.com.ar

Introducción a Gombrowicz, parte 2

¿Te quedaste afuera de la primera parte del curso de lectura sobre Gombrowicz? No desesperes, no hagas berrinches ni piquetes: en noviembre seguimos con la parte 2 y vos podés estar ahí.

Vamos a leer fragmentos de “Yvonne”, los “Diarios” y el todavía no traducido oficialmente “Kronos”. Además, artículos de Ricardo Piglia y Juan José Saer.

Más info: contacto@congresogombrowicz.com

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Gombrowicz, Vila Matas, Rússovich y Zambra

Ayer empezamos la primera parte del curso de lectura sobre Gombrowicz y qué bien, che, qué bien. Gran momento. Discutimos sobre sus comienzos a partir de textos de Enrique Vila Matas y Alejandro Rússovich. Hablamos un poco de su vida sexual, del peronismo, del campo y la ciudad, de los de títulos nobiliarios, de Borges y París.

Lo que vamos a estar leyendo en el próximo encuentro es esa joyita petardista que se llama “Contra los poetas”. Imposible no discutir una vez que se lo lee. Si todavía no lo conocen, pasen y vean, porque lo encuentran por acá: http://goo.gl/6W7tpC

 Y, si quieren chusmear un poco más sobre las influencias de ese panfleto y de cómo afecta a los nuevos narrados del siglo XXI, vean esto otro: http://goo.gl/lo4Gdg Se trata de un texto del mismo nombre escrito por Alejandro Zambra que, aunque nunca cite a Gombrowicz, claramente lo está teniendo en mente cuando le pega a los poetas en general.

El pequeño Montaigne, Gombrowicz en Buensalvaje

 

«Las situaciones del mundo son cifras secretas»

La historia es conocida. El joven Witold (1904), presunto noble polaco, estudia Derecho, se codea con la intelligentsia de su país y es deslumbrado por la bohemia de Varsovia. En esos años (hace exactamente ochenta) escribe memorias DelperioDo De la inmaDurez, volumen de relatos que –además de preceder a Ferdydurke (1938)– contiene el germen de su obra posterior (narrativa y biográfica).Al fracasar su ópera prima, en un medio literario predominantemente nacionalista, esgrime un lúcido contra ataque con su segundo libro, insistiendo en la inmadurez como tema. De nuevo es blanco de críticas y burlas por buena parte de los escritores polacos. ¿Vuelve a fracasar?

Invitado como parte de una curiosa comitiva de escritores y funcionarios polacos, llega a Buenos Aires el 21 de agosto de 1939 a bordo del Chroby, días antes de estallar la Segunda Guerra Mundial. Decide no regresar a su patria y vivir en Argentina bajo el estigma de la deserción. En su maleta, apenas lo indispensable para librarla un par de semanas, doscientos dólares y un ejemplar del Ferdydurke, exportado por si acaso le venía en gana representar el papel de escritor en aquella tierra desconocida. Ya no tan joven, Witold necesita un asidero durante el exilio, algo que dé razón a su existencia: vuelve a las andadas, protagoniza una contraofensiva ante su destino. Se cuelga el mote de escritor, pero no como burócrata panfletista o diletante parroquiano de cenáculo literario; antes bien, afirmando su desapego como marca de estilo, logra forjar con aquel extraño apellido un mito: Gombrowicz.

Una vez establecido en la ciudad, pobre y a salto de mata en varias pensiones, trabaja en el Banco Polaco por aproximadamente siete años. Así solventa económicamente su estancia, mientras la edición argentina de Ferdydurke –traducida por Virgilio Piñera, Humberto Rodríguez Tomeu y un extenso comité reunido en el café Rex– libra su batalla en el medio intelectual porteño. Durante las horas muertas de la oficina escribe trans-atlántico (1952). Su vida parece obedecer ciegamente a la «mano del destino» que lo dejó varado en las antípodas del mundo y, voluntariosamente, lo confinó al ostracismo para darle voz a sus obsesiones y convertirlas en literatura. Gracias a las vicisitudes y limitaciones que le toca sortear, comprende que el arte no da dividendos: «Un artista que se siente, ante todo, creador de una forma profunda o personal, no puede pretender además unos ingresos; por algo así más bien hay que pagar. Hay un arte por el cual se es pagado, y otro arte por el cual hay que pagar. Y se paga con la salud, con las comodidades, con la posición social (…)».

Un artista del hambre

El Gombrowicz «argentino» se parece al personaje del cuento de Kafka, un ayunador que en el ocaso de su carrera–olvidado por los guardias del circo, luego de pasar inadvertido ante la gente–, pide a sus celadores no le guarden admiración alguna, ya que el esfuerzo no es más que su condena.«Ayuno –dice– porque no pude encontrar comida que me gustara». Para el escritor exiliado –empero– esa insatisfacción es congénita y aumenta durante los veinticuatro años que pasa de orillero, componiendo su biografía en el margen. Como lo bien aprendido nunca se olvida, también en su segunda patria desdeña los cenáculos literarios y se burla de la solemnidad del grupo de la revista sur, con Borges, Bioy y las hermanas Ocampo a la cabeza. Ayuna del intelectualismo, la fama, el compadrazgo, las hipocresías, lo europeizante, las «tías culturales», el adoctrinamiento ideológico, la pose literaria y, entre otras cosas, el poder. No encuentra en ese banquete ningún platillo que satisfaga su gusto.

En un inusitado prefacio de Ferdydurke, ajusta cuentas con el mundillo del arte y afirma –valga el oxímoron– su muy personal poética negativa: « ¡Oh, esos cantos sublimes que nadie escucha! ¡Oh, los coloquios de los enterados y el frenesí en los conciertos y aquellas íntimas iniciaciones, y aquellas valorizaciones y discusiones, y los rostros mismos de esas personas cuando declaman o escuchan, celebrando entre sí el santo misterio de lo bello! ¿Por qué dolorosa antinomia todo lo que hacéis o decís, justamente en este terreno, se convierte en ridiculez y vergüenza?». Frente a los absolutos modernos (Belleza, Bondad, Verdad), antepone lo informe, lo infame y lo abyecto como signos de la desvergüenza propia de su época. Toda certeza es cuestionada y llevada al banquillo de los acusados para recibir delirantes dosis de escarnio. Aquí lo carnavalesco surge por partida doble: de la argamasa de géneros y registros que recorren las páginas de Ferdydurke, igual que de reivindicar la inmadurez, convertida en bandera de guerra. A decir de Ernesto Sábato, «para Gombrowicz el combate capital del hombre se libra en dos tendencias fundamentales: la que busca la Forma y la que la rechaza. La realidad no se deja encerrar totalmente en la Forma, el hombre es de tal modo caótico que necesita continuamente definirse en una forma, pero esa forma es siempre excedida por su caos». Entre lo concreto y su desbordamiento siempre estará la insuficiencia, estoica y tajante, para sacudir los lastres delo establecido, remover las certidumbres que nos forman y mostrar –sino el rostro más honesto de las cosas–, uno que libere nuestra risa y convierta el drama cotidiano en una fiesta.

«Yo no era nada, por lo tanto podía permitírmelo todo»

En 1952 Gombrowicz traba relaciones con Jerzy Giedroyc, editor de Kultura, un semanario de la resistencia polaca publicado en París. Para entonces ha dictado en Buenos Aires la mítica conferencia «Contra los poetas», y publicado el casamiento (1948), su primera obra teatral. La suerte parece sonreírle: comienza a ser leído por sus compatriotas ,se cartea con escritores y pensadores de la avanzada parisina; viene la publicación de un diario por entregas en el semanario y, con esta, cierta holgura económica que le permite dejar el banco tres años después. Gracias a sus intervenciones en la prensa parisina, la traducción de sus obras y su consecuente recepción crítica en Europa se vuelven inminentes. Pese a su creciente popularidad en el centro neurálgico de las letras modernas, sigue siendo un outsider para los literatos hegemónicos de Argentina. Escéptico y cauteloso ante las quimeras de la consagración, asume el éxito con entusiasmo, irónico, cual disconforme que siempre fue. Se encuentra en un periodo muy activo de su carrera, reflejado en múltiples puestas en escena de sus piezas dramáticas, así como por la publicación definitiva de su libro de relatos BaKaKai(1957)y de pornografía (1959), «una novela metafísico-sensual» que vuelve a los devaneos ferdydurkistas, ahora con la pantomima existencialista de fondo.

Precisamente una de sus pasiones, además del ajedrez y el trato con jovencitos, fue la filosofía. el Diario (1953-1969) confirma que su oficio de polemista, librepensador y buen retórico, no le venía de haber estudiado Derecho, sino gracias a la lectura voraz de filosofía, complementada con los clásicos de la literatura occidental. Ese gusto hizo posible una serie de controversias a partir del concepto de existencia en Sartre; con el hombre rebelde de Camus y, del mismo modo, frente a Cioran y su perorata sobre escritores exiliados. Temerario y contundente, pasa lista a buena parte de las luminarias académicas del medio intelectual francés. Lúcido y sarcástico como siempre, rebate y –por qué no decirlo– caricaturiza los altos vuelos de aquellos hombres insignes que pretenden arreglar el mundo con teorías y discursos. «Pero yo no me siento en absoluto organizador del mundo, soy un escritor que vive su vida y… expone sus gustos. También soy un pequeño Montaigne, eso es todo».

Además de tener una voz única, personalísima, cultivada en el delirio autobiográfico del Diario –misma que atraviesa su narrativa–, «Gombro» es uno de esos pocos escritores que sacan al lector de su letargo, de su zona de confort. Posee la gracia de romper con ese síndrome de inercia prolongada, conocido como bloqueo creativo, gracias a una escritura proteica que sacude y llama a la acción de manera contraria a los manifiestos políticos –pues apela al individuo, no al colectivo–, pero con la misma intensidad.

La cartografía de su recorrido podría resumirse en aquella frase acuñada por Rimbaud: «la vida está en otra parte». Quizá en las inmediaciones del fracaso, donde el anhelo por ser original se paga caro y la renuncia es el único lujo posible. En el exilio espiritual y geográfico con el que Gombrowicz hizo su obra maestra.


Josafat Pérez Velázquez (Michoacán, 1984) es filósofa. Escribe ensayo y crítica en La jornada de Michoacán, Revés y Letras de cambio, entre otros medios de su país.
La nota original la encuentran haciendo clic acá: http://buensalvaje.com/2013/11/14/el-pequeno-montaigne/

Ferdydurke: formas y aspectos de un mito (¿nacional?)

Víctor Torres

I

La novela de Witold Gombrowicz es una de las pocas obras que parece conservar su “aura”, siguiendo a Benjamin, como pocos textos conocidos. Ferdydurke se ha convertido en un mito viviente a partir de su circulación en Argentina a fines de los años 30, pero principalmente por su constitución en tanto traducción de una lengua muy distante de las que podríamos pensar.

Tal como se cuenta en la introducción de una de las últimas ediciones en español (de “El cuenco de plata”), el texto es trabajado sobre una imponente base oral: Witoldo junto a un par de editores cubanos y colaboradores se sientan en un café de Buenos Aires a “charlar” (traducir) la obra, buscando expresiones apropiadas pero para nuestro castellano, elaborando una sintaxis acorde a nuestras estructuras. Así, la novela, se “reescribe”. Gombrowicz escribe la novela dos veces, una antes de embarcarse y otra en un bar porteño, de polaco al español para de ahí llevarla al francés. Latinizar Ferdydurke, esa es la cuestión.

En el testimonio de Rodríguez Tomeu, uno de los editores, confiesa que sobre la traducción “Era  preciso no sólo traducir, sino inventar además palabras nuevas para encontrar el equivalente de las polacas”, lo que supone una reconstrucción del relato, de la lengua y la búsqueda de grafemas y fonemas que alimenten la experimentación del autor.

Da la impresión de que la novela se vuelve más “literaria” cuando absorbe esas locuciones que Gombrowicz jamás hubiese imaginado -quizá- que podían aportar a su obra.

Dice Virgilio Piñera en la nota introductoria: “La lengua usada en Ferdydurke se aparta de la convención general del idioma, de sus leyes universales, de su ritmo regular y diario”. Pero ésto justifica, me da la sensación, lo ya dicho: la transgresión lingüística que logra el texto configura una retroalimentación (si cabe el término) entre la lengua pre-existente y las locuciones que pugnan por ingresar a la “enciclopedia”. Se reinventa así nuestro sistema lingüístico, nada más y nada menos.

En definitiva, es una suerte para Gombrowicz y para la literatura argentina que el mito construído en base a Ferdydurke permanezca inalterable y, a la vez, releído como un testimonio único que recrea lo que será difícil repetir: un extranjero llega a Buenos Aires y revoluciona la literatura nacional pretérita, presente y futura.

II

Pero Ferdydurke no es sólo una narración. De ella se desprenden varios “tratados”: filosófico, sociológico y estético, por lo menos.

La filosofía es para el autor polaco la construcción del pensamiento como una fuga. “Pepe” escapa de un mundo a otro, se desliza por ámbitos desconocidos, en todos observa y experimenta, pero siempre aparece algo que lo hace disgregarse y se escurre por el espacio para porfiar al tiempo y su materialidad.

Se siente atraído por la colegiala, pese a su edad y huye del caos con Isabel pese al desamor (él comprende que ella es incapaz de cumplir sus deseos). Vuelve a sus raíces (familia) para volver a huir.

De este modo nos encontramos con la “inmadurez” del protagonista. La educación que recibe no colabora con su estado ya que se ve rodeado por un grupo de jóvenes que son tan o más chiquilines que él. Se cumple así, al parecer, la teoría de Rousseau “El hombre nace bueno, la sociedad lo corrompe”.

El ámbito en el que intenta desarrollar sus aspectos formales, ciertas actitudes de sus pares no colaboran para lo que intenta hallar. De hecho Pimko, el maestro, presenta un aspecto cabal en su discurso pero se ve involucrado en una situación bastante absurda con la “Juventona madre”.

Varios estudiosos de la obra atribuyen a Witoldo la capacidad de iniciar el camino del existencialismo a través de la narrativa. Es posible, pese a la presencia de algunos precursores como Heidegger. El papel del sujeto, en cuanto individuo, transita una serie de incertidumbres que lo conducen a una dialéctica contra su propio destino.

Hay como un estudio sociológico que se presenta en la obra de manera obsecuente con la que pelea Gombrowicz en la Polonia que tambalea entre el bolchevismo y el nazismo. Hay una crítica anticomunista esporádica, por momentos, centrada en la mirada sobre los campesinos que viven y trabajan para los tíos burgueses del protagonista. Los aspectos más tradicionales de la sociedad polaca de los años 30 conforman el aglomerado en el que el protagonista busca allanar su camino, aunque el mismo Gombrowicz se halla encargado de asegurar que su novela no intenta reflejar lo que se vivía en su país por aquellos años.

Y lo estético es tal vez lo más atractivo. Gombrowicz, con su primera obra, se convierte en un gran escritor vanguardista que llega a la Argentina con un texto que sorprende, que indaga en los ejercicios poéticos de la época y les dice a los demás cómo hay que escribir. Es como la sombra de Macedonio Fernández. Gombrowicz escribe lo que Macedonio prologa en sus museos. Ya no es Borges que viaja a Europa y trae lo que allá ya no se usa, pero traducido. Gombrowicz trae lo original y lo nuevo y es fuente de inspiración literaria para Sábato, Marechal, entre otros.

¿Cómo puede venir un gringo a decir que Borges aburría? Al polaco le gustaba provocar y sin la provocación no hubiera podido escribir Ferdydurke, ni Trasatlántico ni mucho menos Pornografía. Piensa, al criticar al autor de “El Aleph” que, a diferencia suya, a Borges le falta calle mientras que él escribe porque vive, “lo mío es antiliteratura” dice. No concuerdo con esta afirmación aunque, como el polaco posiblemente no encontró otro vocablo para describir lo que hacía, usa ese cuando quiso decir quizás “otra forma de hacer literatura” que es lo que termina realizando efectivamente.

Cuando llega a Tandil por primera vez, un grupo de jóvenes intelectuales va a su encuentro sin saber muy bien de quién se trataba. Salvo Jorge “Dipi” Dipaola que, cuando el polaco le dice su nombre, el escritor tandilense expresa asombrado “¡Ferdydurke!”, que es como decir “Maradona” o “Gardel” cuando un argentino visita otras tierras.

Veinte años antes, y Gombrowicz hubiera llegado a ser un intelectual anarquista que venía a organizar a la prole. Pero fue contemporáneo de otra época: de guerras, stalinismo, preperonismo y golpes. Nos trajo Ferdydurke, y tal vez sin ella hubiera sido imposible entender cómo funcionan los mecanismos más sensibles del lenguaje.

Ferdydurke tapa

La colección Rússovich sobre Gombrowicz

Esta maravilla que ven acá es la colección sobre Gombrowicz que fue armando con los años su amigo Alejandro Rússovich, y que hoy mantiene en el mejor de los estados su mujer, Rosa María Brenca. Con ella estuvimos charlando la semana pasada, enterándonos de muchísimas cosas que no sabíamos sobre el polaco, sobre sus amistades, sobre el bueno de Aldo (ya les contaremos sobre Aldo).

En las próximas semanas vamos a estar haciendo un trabajo de archivo exhaustivo con todo ese material, para ir dejándoles novedades y sorpresas. Porque las hay. Y muchas. Y muy, muy importantes.

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